Ilustración de vaca y lechero

Santa Cruz de Turrialba:
Cuna de la tradición lechera

El distrito de Santa Cruz de Turrialba, en la provincia de Cartago, forma parte de la denominada Zona Alta, que representa una de las cinco grandes zonas naturales productoras de leche del país.

Sin embargo, es única por sus condiciones de clima, sus tierras fértiles volcánicas y buenos pastos, su tradición quesera de cerca de 150 años y la fama y prestigio ganados gracias a sus productos lácteos de gran calidad.  

El nombre Turrialba, según Carlos Gagini en su libro Los Aborígenes de Costa Rica, es una palabra indígena que posiblemente surgió de la combinación de los vocablos Turiri: fuego y Aba: río; nombre que los españoles, a su vez, transformaron en turris: torre y alba: blanca.

El volcán, sin duda, representa un símbolo de gran importancia en la región, el que también incide en la fertilidad de sus suelos y, con esto, en la calidad misma de su leche.

Allá por 1700, Turrialba estaba habitado por unos pocos indígenas que habían sobrevivido a pestes y al sometimiento español. Para entonces era una región húmeda y selvática, según documentan Leonardo Granados y Carlos Álvarez en su estudio técnico sobre la denominación de origen del queso Turrialba.

El desarrollo agrícola de la región se inició en 1850 cuando el gobierno de Costa Rica otorgó los primeros denuncios de tierras en Santa Cruz. Estos eran extensiones de tierras que el gobierno daba a interesados en producir con el único requisito de contar con algún capital para hacerlo.

Ya en la administración del primer Jefe de Estado, Juan Mora Fernández, se habían promulgado leyes cuyo objetivo era impulsar la agricultura y eso incentivó la colonización agrícola.

Turrialba aparece con título de villa en 1915 mediante el decreto ejecutivo No. 20 del 18 de octubre, y en 1920, mediante un cabildo, la población de Santa Cruz decidió anexarse al cantón de Turrialba, ya que antes pertenecía al cantón de Alvarado.

Más adelante, el 1 de agosto de 1925, en el segundo gobierno de Ricardo Jiménez Oreamuno, se decretó la ley No. 96 que le confirió a Turrialba la categoría de ciudad.

Con alma agropecuaria

Cien años atrás existían en la Pastora y Santa Cruz dos tipos de producciones muy diferenciadas: fincas de subsistencia de mediana altura dedicadas a la siembra de maíz y a la ganadería de doble propósito y fincas de mayor altura, cercanas al volcán, que constituían grandes latifundios dedicados a la ganadería extensiva de leche.

Estas últimas, con el tiempo, fueron dividiéndose en fincas más pequeñas, que posteriormente se extendieron también hacia zonas un poco más bajas.

Actualmente, la región continúa siendo eminentemente agropecuaria, con una economía basada principalmente en la ganadería de leche y la fabricación de productos lácteos.

Foto antigua de potreros de Turrialba

Los 365 días del año, sin importar si hace lluvia o sol, la labor lechera se inicia entre las 3 y 4 de la madrugada y finaliza casi entrada la noche. Como parte de la rutina, se arrean las vacas, se limpian las ubres, se ordeña – ya sea de forma manual o mecánica-, se coloca el concentrado o el pasto, se lavan los utensilios para la leche o el queso, se lava la lechería, se corta y acarrea el pasto de cuido, se agrega abono, se arreglan las cercas y se les da mantenimiento a los potreros, entre muchas otras cosas.

 

El clima fresco, con llovizna y niebla frecuente, insta a los pobladores a refugiarse en sus casas. Esto, según el investigador turrialbeño José Oduber Rivera, hace que las familias compartan y conversen más, una práctica que surgió alrededor del fogón o la cocina de leña mientras se tomaba agua dulce con arepa o tortilla.

También hizo que se desarrollaran buenas relaciones de solidaridad con los vecinos, los cuales siempre estaban prontos a ayudar en las necesidades de última hora, como el alambre para la cerca o la medicina urgente que requería una vaca, de ahí que “los favores no se pagaban, se devolvían”.

Incluso más allá, la producción de leche y queso en Santa Cruz ha tenido gran impacto en la generación de empleo e ingreso en la zona, no solo en el seno de las familias productoras sino también gracias a la contratación de mano de obra local para las actividades lecheras, lo cual ha ayudado a la región en épocas de crisis y mejorado las condiciones de vida de los pobladores locales.

Terneros en lechería